El Barcelona hace mejor al Madrid

El Barcelona hace mejor al Madrid

El Barça reanimó al Madrid en vigilias del clásico del Bernabéu. Así ha sido desde que empezó la Liga. Alcanza con visualizar el itinerario de los traspiés azulgrana para constatar el desconcierto de la hinchada con su equipo: Villamarín, Riazor, Rosaleda o, si se quiere, Málaga, Betis, Deportivo y Alavés. Ya solo queda la Real antes de viajar a Chamartín. A cada mal resultado del equipo de Zidane, ha respondido con un marcador todavía peor el de Luis Enrique. A los barcelonistas les ha faltado a veces grandeza, en otras no tuvieron juego, casi siempre han pecado de falta de autoridad y en ocasiones no han tenido fortuna, un poco de todo, como pasó en La Rosaleda. Han ido siempre a remolque del contrario y del Madrid, incómodos con los árbitros, hipotecados por una cuestionable planificación deportiva que penaliza los fichajes y encumbra a delanteros despedidos como Munir y Sandro, el futbolista del partido en Málaga. Ningún jugador reflejó más el desquiciamiento azulgrana que Neymar, expulsado cuando Luis Enrique se había corregido sobre la marcha, dispuesto a convertir el partido en una noche épica, como si la Liga fuera la Copa o la Champions.
Acostumbrado a que el tridente marque la diferencia, se menosprecia en exceso la alineación del Barça, sobre todo en los partidos de entretiempo, como si no importara que jugara, por ejemplo, Mathieu o Sergi Roberto. Hay una diferencia notable entre los titulares y los suplentes y, para ser más expresivos, entre André Gomes o Denis Suárez e Iniesta. Arriesgó demasiado Luis Enrique con las rotaciones ante un rival exigente para los azulgrana como es el Málaga, igual de difícil con Juande que con Javi Gracia o Míchel.

A las ausencias de Piqué y Rakitic por sanción, Luis Enrique añadió la de Sergi Roberto (único lateral derecho) para formar como lateral derecho Mascherano. Aunque no profundizó por el costado del Jefecito, el equipo no mezcló mal el juego con el 4-3-3, tuvo un cierto dominio del partido y alcanzó el área de Kameni con dos desmarques de Luis Suárez. El árbitro le quitó un gol por un fuera de juego que no era y Kameni estuvo espléndido en un mano a mano como ya es costumbre en el camerunés en sus partidos contra el Barcelona.

Al Málaga le alcanzó en cambio con un tiro para descerrajar el marco de Ter Stegen. Atacaban los azulgrana, nueve jugadores en cancha blanquiazul, y el balón salió despedido en un rechazo que confundió al desconcertante Mathieu. El francés quiso tirar la línea de fuera de juego sin darse cuenta de que Sandro partía desde una posición correcta en la divisoria, atravesaba el campo contrario, se plantaba ante el meta barcelonista y definía sin que le temblara el pulso pese a su condición de exazulgrana: 1-0. El Málaga había sido más poderoso en las áreas que el Barça. Míchel supo desconectar a la delantera rival y André Gomes se volvió a caer cuando tenía un remate franco ante Kameni. Tampoco se sabía nada de Denis y no entraba en juego Neymar.

No le quedó más remedio a Luis Enrique que recurrir a Sergi Roberto e Iniesta. Tampoco reaccionaron los azulgrana, desquiciados con la tibieza del árbitro ante las faltas del Málaga y vulnerables en el repliegue, muy expuestos en las transiciones, como quedó claro en una contra clarividente que no supo acabar Juanpi. Hasta Luis Suárez se fue del partido: al uruguayo le dio por tocar y asistir en lugar de rematar las jugadas que de forma intermitente armaba el esforzado Messi.

Vuelta al 3-4-3

El partido invitaba a tomar decisiones drásticas desde el punto de vista azulgrana y el técnico quitó a Gomes para poner a Alcácer. Había que recuperar el 3-4-3 para intentar el remonte. Y cuando el guion giraba a favor del Barça, Neymar se hizo expulsar y el encuentro se convirtió en un rosario de calamidades para el Barça. No atinaba Messi con los tiros libres, el árbitro no pitaba un penalti a Sergi Roberto y Jony sentenciaba. El Málaga se ha convertido en el demonio en persona para el Barça de Luis Enrique. No ha escarmentado el equipo azulgrana, reiterativo en el gatillazo, amable con los fallos del Madrid, irreconocible como campeón de Liga.

UN PAR DE CHIQUILLADAS LE CUESTAN A NEYMAR LA EXPULSIÓN
A Neymar no le salían las cosas, pero se ofrecía y peleaba como siempre, generoso en el esfuerzo como pocos. Aunque en esta ocasión pudo la frustración con el fútbol, la gansada con la inteligencia. Resulta que el 11 del Barça no lo será ante la Real Sociedad (y quizá en el clásico), toda vez que vio dos cartulinas amarillas que bien se pudo ahorrar.

La primera tarjeta fue por una niñería que no consintió el colegiado. En una falta en contra, el brasileño se puso delante del balón y se ató las botas con parsimonia. Tanta que Gil Manzano le enseñó la amarilla e hizo oídos sordos a las protestas de Messi. Pero la pifia de Neymar no se quedó ahí porque en un balón que ya había perdido en campo ajeno, entró a destiempo sobre Llorente. Otra tarjeta (que aliñó con protestas al cuarto árbitro) y a la caseta anoche; a la grada mañana.

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