El sur de Europa liderará el diálogo con los países de origen de los inmigrantes

El sur de Europa liderará el diálogo con los países de origen de los inmigrantes

La respuesta europea ante la nueva crisis migratoria se va perfilando con más detalles y propuestas en vísperas de la relevante reunión del Consejo Europeo que se celebrará este jueves y viernes en Bruselas. La canciller alemana Angela Merkel ha respaldado este martes en Berlín, tras un desayuno de trabajo con el presidente español Pedro Sánchez, que los países más experimentados y con más conocimiento y tradición a la hora de negociar acuerdos con las naciones de origen de los inmigrantes que llegan a Europa sean los que establezcan esos contactos pero en nombre de toda la Unión Europea. Y también ha afirmado que apoya que ahora España reciba más ayudas de la UE para encarar la oleada actual de inmigración como antes se le facilitó a Grecia.

A cambio, Sánchez se ha mostrado dispuesto a apoyar a Merkel en su lucha contra los movimientos de refugiados dentro de la UE. El Gobierno de Berlín se tambalea debido a las diferencias entre los socios del Ejecutivo sobre cómo atajar la llegada a Alemania de demandantes de asilo de otros países de la Unión. Madrid y Berlín concretarán “en los proximos días” su cooperación en el terreno de las llamadas “migraciones secundarias”.

Tanto Merkel como Sánchez están viviendo de manera intensa, en sus países y en el conjunto de la UE, las consecuencias de esta nueva afluencia masiva de inmigrantes a las costas europeas. Este primer encuentro bilateral, en el que Merkel ha otorgado a Sánchez todos los honores de la primera visita de un mandatario extranjero, se ha concentrado sobre todo en buscar salidas urgentes a este callejón migratorio del que Europa en su conjunto no parece saber cómo salir. Merkel y el presidente francés, Enmanuel Macron, concertaron la semana pasada algunas ideas como la de los centros cerrados o controlados en territorio europeo que luego Sánchez suscribió el sábado en París. Pero sobre todo el objetivo es fijar una respuesta conjunta y con una “dimensión exterior europea” a este gran desafío.

Tras verse con Merkel durante una hora, Sánchez ha recordado que España es un país fronterizo que está recibiendo un 64% más de inmigrantes que en 2017 y que ya entonces acogió un 100% más que en 2016. Y lo hizo para subrayar que desde su llegada a La Moncloa, hace apenas dos semanas y en especial tras la actuación de rescate del buque Aquarius, “España está arrimando el hombro, ayudando, siendo responsable y sin levantar la voz, ni elevar ningún decibelio y con enormes dosis de responsabilidad”. El dirigente español no ha mencionado a Italia ni a su presidente o ministro del Interior, que tantos problemas está poniendo para concertar una salida conjunta a esta crisis, pero la alusión ha resultado bastante evidente.

El presidente Sánchez ha usado así el precedente del Aquarius y el comportamiento de España para destacar que acudirá a la cumbre europea de Bruselas “con una actitud constructiva, integradora y propositiva conscientes de que la única manera de responder de forma eficaz es con una respuesta común de la Unión Europea”.

Merkel ha recogido las cifras del problema de las llegadas de inmigrantes ahora para España aportadas por Sánchez para señalar que desde Europa se tiene que establecer contactos con países como Libia, Marruecos y Senegal, como territorios de origen de esas salidas, “para repartirnos la responsa bilidad entre los jefes de Estado”. Y fue ahí cuando ha anticipado la idea de que esas conversaciones se tienen que especializar para que las establezcan los jefes de Gobierno europeos, dijo uno o dos, “en nombre de los demás colegas de la Unión Europea”.

Sánchez ha recogido esa oferta de Merkel de reforzar más el diálogo existente entre algunas naciones ribereñas europeas con esos países de origen, algo que España ha puesto en práctica hace años con Marruecos, Mauritania y Senegal, y ha explicado que ahora se tendría que aplicar por parte de los que “tradicionalmente han tenido una relación más fluida y de conocimiento de los problemas”. ha añadido que le parecía una idea “extraordinaria”. Y se ofreció a “liderar” ese diálogo en representación de toda la UE.

La visita de Sánchez se produce en un momento de alta tensión en la política interna alemana. La coalición de Gobierno de Merkel amenaza con partirse como consecuencia del pulso migratorio que la CSU, el partido aliado bávaro, ha lanzado contra la canciller alemana. Horst Seehofer, ministro de Interior, Construcción y Patria y líder de la CSU, amenaza con cerrar las fronteras a partir del próximo fin de semana si la canciller no logra hasta entonces dar con una solución europea para reducir al legada de demandantes de asilo a Alemania.

Ante la escasa probabilidad de que los Estados miembros alcancen un acuerdo migratorio en el consejo europeo del próximo jueves y viernes en Bruselas, Merkel trata de tejer antes pactos bilaterales con los socios europeos. Esos pactos permitirían a Berlín enviar de vuelta refugiados que hubieran solicitado asilo en otro país de la UE, en cumplimiento del reglamento de Dublín.

“En cuanto a la migración interior [los movimientos de extranjeros dentro de la UE], España es muy consciente del debate en la sociedad alemana”, ha dicho Sánchez en alusión a la necesidad de Merkel de tener que ofrecer pactos migratorios tangibles a sus socios bávaros. “Hemos hablado de movimientos secundarios y trabajaremos con la canciller y el Gobierno alemán en este asunto”, detallo Sánchez. “Vamos a concretar la cooperación en los próximos días”, ha adelantado la canciller.

Alemania ha recibido cerca de un millón y medio de solicitudes de asilo desde 2015, cuando se produjo el pico de llegadas. Muchos de esos refugiados llegan a Alemania después de haber solicitado asilo en otro país de la UE. El año pasado, el Gobierno solicitó el regreso de hasta 64.000 demandantes de asilo a otros países de la UE. La amenaza de Seehofer consiste en impedir el paso en la frontera a aquellas personas que hubieran solicitado asilo en otro país europeo; una medida que violaría la legislación internacional y que la canciller aspira a reemplazar por acuerdos bilaterales, trilaterales y multilaterales.

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